Consumismo extremo: Nadando entre basura

El bienestar humano es una singular arista que como sociedad buscamos impulsar, pero hay algo en los modelos económicos tradicionales tanto capitalistas como comunistas que no se vio venir, al menos no en el siglo pasado, y es que los altos costes del bienestar mínimo que podemos gozar el día de hoy, es bienestar robado a las futuras generaciones. La cultura del consumismo extremo trae consigo el desecho extremo y con ello la muerte de millones de animales terrestres y marinos al año, adicionalmente de la contaminación de ríos, lagos y océanos, en la actualidad ya estamos sintiendo las consecuencias, pero no es nada comparable con los retos que tendrán que atravesar nuestros hijos, y los hijos de nuestros hijos, hablamos de refugiados climáticos masivos, una subida agravante del nivel del mar, de economías frágiles y calidad de vida dependiente de la cantidad de recursos que se tenga en una determinada región. Ese es un legado que debió analizarse, pero que ahora hay que adaptarse a él hasta que la ciencia encuentre alguna forma de revertir el daño, si es que se logra encontrar la forma. Ante estos problemas la economía circular es una de las respuestas más plausibles frente a esto.

La economía circular consiste en la reutilización de desechos para la creación de otro tipo de objetos, pero que también apuesta hacia la tecnología porque si la colocamos en contexto en la economía circular se encuentra la posibilidad de la mejora progresiva de la tecnología, por ejemplo cuando la vida útil de tu teléfono acaba no lo tendrías que echar a la basura, o regalar sus componentes, sólo lo llevarías a la compañía de la marca de tu teléfono y ellos te lo arreglarían y mejorarían colocando un mejor procesador y nuevos componentes que en su momento fueron reciclados. No se detendría la economía, al contrario crecería un montón porque habrían cientos de nuevos tipos de empleo específicamente en el ámbito de reciclaje y reubicación de piezas.

Ante esto podemos concluir que tirar basura en la calle está mal, pero hacerlo en zonas boscosas o en ríos es horroroso, porque implica que estás aportando a que la calidad de vida de los futuros humanos se vea afectada, y no es justo para ellos, no es justo para las otras especies, y tampoco es justo para el planeta, Es tiempo de replantearse una vida ecológicamente activa.

Publicado por Néstor Est.

Escritor, Geek, humanista, amante del arte contemporáneo, ciencia y astronomía. Con conocimientos absolutos en diseño audiovisual, cloud computing, fundamentos de marketing y economía.

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